La globalización es un concepto que, además de extenso, es extremadamente subjetivo, pues no se puede encasillar la opinión de todo el mundo en un estándar específico, pero esto cambia cuando se habla de “la mujer perfecta”.
Si bien la perfección no existe, desde pequeñas se nos ha inculcado una serie de reglas que debemos seguir para alcanzar esta categoría, como arrancar todos los vellos de nuestro cuerpo, tener las uñas impecablemente pintadas todos los días, cuidar nuestro rostro de cualquier tipo de defecto, y hasta las arrugas, que son la característica más natural del envejecimiento, han sido satanizadas y repudiadas durante años.
Los estereotipos son creencias que se cuelan en lo más profundo de una comunidad y tratan de perpetrar un rol específico en determinados grupos de personas, y aunque no tienen ningún tipo de justificación científica, demográfica o racional, se empiezan a aplicar sin ni siquiera pensarlo. Incluso, puede que tengas varios en tu cabeza y no te des cuenta de ello. Generalmente, ciertos rasgos, actitudes y comportamientos se le atribuyen a cada género, y mucha gente tiende a compartirlos, por lo cual comienzan a formar parte de la imaginación de un individuo que espera que tú seas tal cual como él te ha idealizado.

Los hombres se vinculan con características similares a la valentía, a una conducta dominante, a la inteligencia y a la fortaleza física y mental, pero la figura femenina no representa nada de esto, es casi completamente todo lo contrario, se les relaciona con la fragilidad, la inestabilidad, la postura sumisa y la dependencia. En la mayoría de los casos se les tilda de frívolas, histéricas, dramáticas y exageradas, y muchos son los hombres que asumen que de verdad todas las mujeres que existen en el planeta tienen la misma personalidad.
Ser mujer es uno de los dilemas más contradictorios de la época, porque ya no basta con ser bonita o tener un “buen cuerpo”, pues han surgido muchísimas vertientes de opinión en base a la personalidad y el físico que debe poseer cada una, y es bastante difícil complacer el estándar de todo el mundo, como el de ese pequeño grupo de féminas que deciden atacar a las que usan mucho maquillaje, o los hombres que, después de pasar siglos exigiendo el famoso “90-60-90” empezaron a escandalizarse con los cuerpos operados.
Y sí, hay que agradecerle a la globalización muchísimos aspectos de la sociedad actual, pero algunos de ellos han provocado un desarrollo y un crecimiento desigual entre las mujeres. Para entender esto hay que abordar diferentes contextos, como la política, donde las mujeres todavía no son tomadas en serio, el comercio, donde se cree que la opinión femenina carece de fundamentos, el inversionismo, donde se piensa que actúan bajo la ignorancia y la expansión empresarial, donde aún no confían lo suficiente en las mujeres como para darles cargos trasnacionales.
Antes el papel de la mujer dentro de la sociedad era más sencillo, pues solo tenían que encargarse de las labores domésticas y de los niños, pero actualmente hacen exactamente lo mismo, sumándole algún empleo mal remunerado, sin meter las políticas racistas y sexistas a las que deben someterse para obtener algún puesto determinado. Imagina vivir en un mundo en el cual nadie se preocupa por tu aspecto físico… Sería el paraíso de la despreocupación, pero lamentablemente esta no es la realidad que sufre el estereotipo femenino, que más que valorar su personalidad las evalúan como si fueran accesorios.
La globalización económica, política y social ha hecho que las mujeres sean aún más vulnerables y frágiles de lo que se les considera biológicamente de por sí, lo cual ha repercutido gravemente en la liberación de sus propios intereses. ¿Quién dijo que a las mujeres les importa la opinión de los demás? Sí, es una pregunta muy interesante, pero en un mercado dominado por los hombres la única oportunidad que tenemos de surgir es crear nuestro propio mercado, el mismo que ha estado evolucionando durante años a paso de vencedores, pero que nos ha dado la posibilidad de subir la cantidad de peldaños necesarios para estar a la misma altura de cualquier otro género.
Muchísimas personas piensan que esto se trata de una guerra entre hombres y mujeres, y de verdad se enfrascan en pelear para ver quien es mejor que quien, pero en esta batalla poco o nada tiene que ver el sexo, pues es una lucha de oportunidades, de igualdad y de justicia social. Las mujeres han sido oprimidas desde la prehistoria, siendo consideradas como máquinas reproductoras y nada más que eso, pero afortunadamente hemos logrado demostrar que tenemos mucho más que ofrecer, y qué podemos hacer exactamente las mismas tareas que cualquier hombre.

Afortunadamente, se empiezan a notar ciertos cambios en la sociedad que favorecen el estilo de vida femenino, pero algunos más que un beneficio parecen un chiste irónico, como el hecho de que el “hombre moderno” debería ser alabado por cumplir con las tareas del hogar, cuando eso no debería ser un trabajo digno de meritocracia, sino un sinónimo de que cada individuo ha alcanzado la madurez suficiente para considerarse un adulto funcional. Hoy en día, saber cocinar, limpiar, lavar o planchar es una necesidad básica, no una labor que se le asigne a un género específico. Igual pasa con el tema de los niños, si una madre pasa todo el día en casa cuidando de ellos es normal, pero si un papá lo hace es un héroe, como si esto no fuera el deber ser. Incluso, algunas personas tienden a espantarse cuando ven madres en la calle sin sus hijos, y cuando estas responden que están siendo cuidados por sus padres, reciben cualquier tipo de calumnia o respuesta ofensiva.
El punto de todo esto es que no existe un estándar de perfección para nadie, y mucho menos para las mujeres, que se caracterizan por ser completamente diferentes entre sí, por no decir rebeldes. Si bien la globalización ha afectado la forma en la que nos percibimos a nosotras mismas, nos ha dado la fuerza necesaria para amarnos tal y como somos. No hay nada de malo en ti si no encajas en los estereotipos de la sociedad, porque no estás aquí para agradarle a nadie, y mucho menos para cumplir las expectativas de otra persona que no seas tú. Cualquier tipo de decisión que decidas aplicar en tu vida debe ser porque así lo deseas, pero no para satisfacer los caprichos de terceras personas a los que en realidad no les importa tu personalidad. Nunca existirá una mujer perfecta para todo el mundo, pero tú puedes alcanzar tu propia percepción de la perfección.
Me despido con un fuerte abrazo, lento y en silencio.
