Las cirugías estéticas siempre han estado a la orden del día, pues se cree que a nivel psicológico la mujer está hecha para ser inconforme. No existe ni una sola mujer en el mundo que este 100% satisfecha con su aspecto físico, y la cantidad de féminas interesadas en pasar por un quirófano para realizarse algún retoque corporal es realmente alarmante. Antes, este fenómeno era mucho más común en las mujeres que se estaban acercando a la tercera edad, pero en la actualidad, hasta las más jóvenes han comenzado a huirle a la más mínima marca del pasar de los años.
Esta problemática surge en la adolescencia, cuando las niñas empiezan a notar cambios en su cuerpo y las hormonas se disparan. La presión social y la cantidad de estrés que manejan en esta etapa es indescriptible, pues muchas tienen expectativas extremadamente altas sobre lo que significa ser hermosa, gracias a las películas, el cine, las revistas y las redes sociales, y cuando notan que su desarrollo no fue tan “despampanante” como querían, tienden a deprimirse. Es aquí donde empiezan a anidarse los trastornos psicológicos, la autoestima empieza a desvanecerse y el amor propio brilla por su ausencia. Sí, podría decirse que las mujeres son susceptibles, pero la sociedad es la que impone estos estándares.
La industria de la belleza siempre ha sido un gran negocio, tanto así que tiene un valor aproximado de 10 mil millones de dólares solamente en los Estados Unidos, y se espera que crezca aún más en los próximos 20 años. Un estudio reciente ha revelado que la mujer norteamericana promedio es capaz de gastar hasta 10 mil dólares anuales solo en cosméticos, retoques y productos de belleza, dedicando más de una hora diaria en su apariencia, y si usted no piensa que esto se parece un poco a la esclavitud, pues no sé qué otra cosa podría compararse.

Lo peor de todo esto es que las mujeres no se esfuerzan por su propia voluntad, o porque de verdad les nace lucir perfectas, y mucho menos para llamar la atención de los hombres, sino para evitar ser juzgadas por la sociedad, para que nadie haga comentarios sobre su aspecto, o en el peor de los casos, para tener más oportunidades en el ámbito laboral. Hay una realidad inminente que se debe aceptar para seguir hablando sobre este tema: Las mujeres le temen a las arrugas. Puede que esta afirmación suene “fea”, y claramente es una postura ilógica cuando el envejecimiento del cuerpo es un proceso natural por el que debe pasar todo ser vivo, pero la sociedad ha satanizado tanto el físico de las mujeres que han llegado a traumatizar a toda una generación. La única forma de verle el lado positivo a esta situación es que seas un cirujano plástico, y de ser así, al menos deberías entender las motivaciones psicológicas que impulsan a las féminas a someterse a cualquier tipo de tratamiento invasivo.
Desde pequeñas les implantan el chip de que la juventud es un factor indispensable para ser bellas, y algunas optan por maquillarse, teñirse el pelo y aferrarse a un estilo determinado, pero hay otras que creen que esto no es suficiente, y es justo en ese momento donde deciden que la única manera de enaltecer su autoestima es inyectarse los labios, afinar su nariz, colocarse implantes de senos u operarse todo el cuerpo. Las estadísticas muestran que el 75% de las mujeres, comienzan a mentir sobre su edad después de cumplir 30, como si alguien tuviera la osadía de juzgar algo tan irrelevante como un número, pero lo hacen con el único fin de evitar una de las frases más incómodas que pueden escuchar: ¡Te estás poniendo vieja!
¿Cuál es el problema con esto? Que a la palabra “vieja” se le da una connotación negativa, se le relaciona con algo obsoleto, usado y en mal estado, y nadie quiere tener este calificativo. No obstante, este fenómeno no está tan presente en el género masculino, es decir, a los hombres no les importa tanto su aspecto físico como para desear cambiarlo en un quirófano. Mientras las mujeres se obsesionan con las arrugas, tan pronto estas comienzan a aparecer, los hombres ignoran su existencia, a menos que sean famosos, como Brad Pitt, que siempre está en el ojo del huracán.

Al final del día, se exponen a cualquier cantidad de riesgos solo para verse más jóvenes o más atractivas. Lo que al principio puede comenzar como algo normal, se torna adictivo, y en algunos casos, la situación se sale de control. Actualmente, si un producto de belleza “promete” la eterna juventud o 10 años menos, tiene el éxito asegurado, pues es comprado sin ni siquiera saber sus componentes, sin averiguar si realmente funciona, o sin estudiar la posibilidad de que sea nocivo para la salud. Pero esto tiene una sola culpable: la sociedad, la cual no permite que las mujeres envejezcan de forma natural, observa de reojo la flacidez del cuerpo y condena a toda aquella que no posea las famosas medias 60-90-60.
Afortunadamente, las redes sociales están tratando de modificar este concepto absurdo de perfección, mostrando que la verdadera belleza radica en esos detalles que solemos ver como defectos. Mucho se habla de un nuevo movimiento llamado Body Positive, el cual postula como argumento que todos los cuerpos son válidos, hermosos y apreciables, y las mujeres que se suman a esta campaña tratan de visibilizar sus medidas reales para que otras se sientan identificadas sin menospreciarse a sí mismas.
Las estrías, los vellos, las canas, los senos caídos y las arrugas fueron satanizados por muchísimos años, pero ya es hora de entender que no hay nada más admirable que la naturaleza en todo su esplendor. Mírate, analiza cada una de tus curvas, las manchas de tu cara, la expresión de tu rostro y el diseño tan original de tu nariz… ¿Realmente crees que hay algo malo en ti? ¿O eso es lo que te han hecho creer?
